Por azares del destino, empecé a diseñar vestidos para mis amigas hace 5 años; cuando aún estaba en la carrera y no tenía muy claro que quería hacer de mi vida. Así arranqué, sin saberlo, un negocio que me apasiona. Desde ese primer vestido que vendí 5 años atrás, he seguido fabricando sin interrupción. Trabajo íntimamente con mis clientes y todos los vestidos que he hecho son diseños únicos y cuentan una historia, uno se vuelve confidente del otro y el resultado es una prenda con personalidad.
Mi nicho es principalmente vestidos para damas (90% de mis clientes), pero he hecho desde disfraces y accesorios hasta corbatas. El mundo en el que me muevo y me desarrollo, va mas allá de las tendencias, la moda y la vanidad: está repleto de relaciones, historias y deseos. Claro que siempre hay cosas negativas, como cuando te traen una tela (que escogió la novia sin tener idea y sólo le gustó el color) y resulta que es más corriente que Niurka. En esas situaciones, ni el diseño más bonito ayuda mucho, pero he de decir que ¡he hecho milagros!
Dos años después de que arranqué a diseñar, decidí aventarme al ruedo del emprendimiento sin mucho conocimiento y puse una concept store en San Angel. Un proyecto lindísimo con lo que experimenté el prêt-à-porter, que no es tanto lo mío, pero que me dio la oportunidad de conocer a personas con mucho talento, dedicadas y apasionadas. Llegué a darle espacio para vender a más de 50 marcas de ropa, accesorios, decoración, zapatos, ilustración, todas de diseño mexicano.
El diseño “artesanal” de producciones únicas o pequeñas, en mi opinión, es el más valioso, es el más honesto y el más pensado. Pero seamos sinceros, no es fácil vivir de esto sobretodo hoy en un mundo donde hay marcas que venden un par de jeans en $100 pesos, la economía es inestable y lo trendy hoy ya no es tan trendy mañana. Sí es difícil, se necesita más que talento y por eso mi deseo es apoyar al diseño, buscar espacios de promoción, visitar bazares y comprar lo hecho en México. Necesitamos estrategias que generen valor y que impulsen al diseño mexicano.
Tras esta experiencia me di cuenta que una de las cosas más importantes en la vida, es la colaboración. Hay mercado para todos y apoyarse entre diseñadores, además de ser altamente enriquecedor, puede ser la clave para crecer y no morir en el intento. Al final mi proyecto de la tienda me duró un año. Resultó no ser tan buen negocio y me quedé sin presupuesto. Pero me llena de alegría porque en ese año aprendí muchas de las lecciones más importantes hasta ahora, conocí a gente excepcional y me dio la pauta para continuar mi camino.
Hoy trabajo en un despacho de diseño, elaboro estrategias para marcas grandes y chiquitas. Utilizo el diseño desde el punto de vista más estratégico y menos talachero. ¡Me encanta! Cuando se da la oportunidad organizo bazares o salgo a la calle a conocer nuevos talentos y doy clases de diseño, mañana seguro haré algo más. Cada día es un nuevo reto, y saliendo de mi trabajo llego a mi taller tomo mis lápices, plumones, me desconecto del mundo y me siento a diseñar más historias.
Ahora ya lo saben, Macadamia es diseño, es pasión, es colaboración, es amor al arte, es aprendizaje… Macadamia soy yo.

 

 

Un comentario sobre “¿Sabes qué es Macadamia?

  1. Andrea, fue un placer colaborar contigo y es muy apreciable la honestidad con la que expones la realidad comercial y de diseno en Mèxico. Son temas que se tienen que afrontar para crear una cultura y generar un movimiento en el diseno.
    Un fuerte abrazo y èxito para tus siguientes proyectos 😀
    Ophelia

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